viernes, 26 de mayo de 2017

MARIHUANA MEDICINAL: ¿CABALLO DE TROYA?


www.mario-meneghini.blogspot.com.ar/2017/05/marihuana-medicinal.html

UNA LEY QUE SILENCIA LA DISCUSIÓN


Tomás Linn
Club Político Argentino

La gobernadora de Buenos Aires optó por evitar una confrontación y promulgó una ley que en realidad se parece a un edicto emitido por un papa desde su infalibilidad para establecer un nuevo dogma de fe. Si se hubiera dejado llevar por el sentido común, tal vez la habría vetado. Pero cada uno elige sus batallas y ella optó por este camino. En su provincia estará vedado discutir el número de desaparecidos. Se impuso que eran 30.000 y punto final.

De esa manera, una región de la Argentina lauda una discusión que divide aguas y muestra cuán apasionadas son las interpretaciones sobre cómo fueron los horrores legados por la dictadura militar.
La discrepancia está en el número de desaparecidos que dejó el cruento régimen instaurado por el general Jorge Videla cuando consolidó ya no sólo las más abyectas prácticas de crueldad, sino que además las justificó desde un cinismo que excedió todo lo imaginable.

Respecto de cuál fue el número exacto de desaparecidos, sorprende el tenor de un debate que es seguido con mucho interés desde afuera. Si bien Chile y Uruguay procesaron de forma más tibia esa revisión, queda la idea de que en la Argentina pronunciarse por un número u otro es un modo de expresar posturas previas. Hay gente que primero adoptó un discurso ideológico y luego, en función de ello, acomodó la cifra que mejor le convino.

Aun así, algunas cosas son evidentes. Si la Conadep, en los primeros tiempos de la democracia, con aquel legendario documento del “Nunca Más” prologado por Ernesto Sábato, estableció que la cifra comprobada de desaparecidos era de 8961 personas, en modo alguno la cifra será inferior a esa. Ese número es irrefutable, pues aquellas fueron desapariciones absolutamente certificadas.
Hasta 2003, la Secretaría de Derechos Humanos decía tener registradas denuncias de 13.000 casos. El número no tenía la contundencia de la Conadep, pero resultaba probable y verosímil.

En un régimen de terror y espanto, muchas personas optaron por no hacer públicos sus casos. Eso permitió especular respecto de cifras que pudieran ser más altas. Así se fue llegando a la de 30.000.
Es una discusión legítima que los argentinos procesan y que enfrenta intereses de todo tipo, impregnados de pasiones políticas.

Lo que sí generó asombro en la región, siempre atenta a la convulsionada realidad argentina, fue que la tan discutida cifra se convirtiera en dogma infalible por ley. Se resolvió la discordia de un solo plumazo. En la provincia de Buenos Aires, en las publicaciones y documentos oficiales y en los actos públicos, deberá decirse en forma explícita el número de 30.000 junto a la expresión “desaparecidos” cada vez que se haga referencia a la criminal represión desatada entre el 24 de marzo de 1976, cuando comenzó la dictadura, y el 9 de diciembre de 1983, cuando concluyó.

Más allá del sesgo político que cada sector quiera ponerle, la cifra será debate de historiadores por mucho tiempo al investigar para llegar al número más preciso posible. Sin embargo, la ley transformó un tema controvertido en un dogma. Quien se resista a su cumplimiento caerá dentro del nefasto estigma de ser “negacionista”, o sea alguien que niega lo que ocurrió. Sólo que en este caso no se trata de gente que niega, sino que tiene lecturas con matices diferentes sobre los mismos hechos y con igual condena a ellos.

La ley, pues, termina siendo una imposición autoritaria de una verdad quizá correctamente intuida, pero no científicamente demostrada.

Las leyes que imponen verdades no enteramente corroboradas, aun cuando tengan visos de verosimilitud, reflejan un autoritarismo antidemocrático donde lo único que prevalece es el sentimiento de infalibilidad que al final asfixia y amordaza a sociedades con vocación de libertad.

Una ley no puede cambiar la forma de pensar de nadie, aunque sus pensamientos sean abominables. Por lo tanto, castiga, sofoca, pero no modifica la realidad. Hace que quienes piensen diferente sigan haciéndolo, pero en círculos cerrados y silenciosos. Baja las voces, las soterra, pero no las elimina, y al final nadie sabe cuánto sobreviven pese al silencio impuesto.
Si eso pasa con convicciones referidas a ideas horribles (racistas, misóginas, homofóbicas, xenófobas), cuánto más pasará respecto de las que son al menos opinables.
La Argentina, enfrascada en la contienda por las cifras, no parece prestar atención a esta ley, un efecto colateral grave, cuyas consecuencias pueden ser duraderas y perniciosas.


(publicado en La Nación, 24/5/2017)

jueves, 25 de mayo de 2017

LA CAÍDA ARGENTINA


Relata el presidente Macri que el emperador de Japón expresó su sorpresa cuando él le comentó que teníamos un 30 por ciento de pobres, diciendo ¿cómo puede ser?
La sorpresa del emperador está plenamente justificada. En 1914,  la Argentina tenía un PBI per cápita de 3.480,5 dólares y Japón 1.312,3.

En aquella época se vendieron a Japón dos acorazados -Moreno y Rivadavia- para la guerra con Rusia. Adquiridos por el presidente Roca, se entregaron a Japón el 7 de enero de 1904. El Moreno -rebautizado Nisshin-. fue la nave insignia de la flota.

Hoy, luego de décadas de populismo se invirtió la relación y la Argentina tiene casi la tercera parte del PBI per cápita de Japón: 13.431 dólares contra 32.477 dólares (Banco Mundial 2015).
La Argentina es, seguramente, el país de peor desempeño económico a partir de la Segunda Guerra Mundial. Su ingreso per cápita pasó del séptimo lugar en el mundo al puesto 61. Retrocedimos 54 casilleros. Sorprende y preocupante.


(Fuente: carta al lector de Guillermo Laura, La Nación, 25-5-17)

BANCO DE ALIMENTOS

Con el lema Menos hambre, más futuro, el Banco de Alimentos tiene como objetivo contribuir a la reducción del hambre, mejorar la desnutrición y evitar el desperdicio de alimentos. En 2016, la cantidad entregada por empresas de la industria alimenticia, supermercados y productores agropecuarios llegó a 4.323.937 de kilogramos.

Así, colaboró con la alimentación de más de 110.000 personas por día a través de organizaciones comunitarias que brindan servicios de desayuno, almuerzo, merienda o cena a una población infantil (59, 3 %), adolescente (16,8 %) y adulta (23,9 %). Además, el año pasado se destacó por el nivel nutricional de los alimentos entregados. Gracias al compromiso de los 6.804 voluntarios que participaron de las tareas de clasificación, los alimentos llegaron a sus destinatarios en perfectas condiciones. Parte de ellos donó su tiempo de forma individual y otros se acercaron al depósito de la organización en grupo (voluntariado corporativo, escolar o de ONG).

Según se informó, el Banco de Alimentos cerró el año con excelentes resultados en recaudación, con más de 32.230 personas dentro de la comunidad de donantes, que colaboran para hacer posible el cumplimiento de la misión: Ayudar al que sufre hambre.

Por cuestiones técnicas, de tiempos en depósito o de packaging, ciertos productos no ingresan en los canales comerciales, pero siguen siendo perfectamente aptos para consumo y por eso se dona. Se entregan por día un promedio de 20 toneladas de mercadería, a 809 comedores.

(La Nación, Transporte y Logística, 25-5-17)
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En Córdoba: